FIBROMIALGIA. UNA APROXIMACIÓN PSICOANALÍTICA
13º Congreso Virtual de Psiquiatria.com. Interpsiquis 2012
www.interpsiquis.com - Febrero 2012
Psiquiatria.com
Ruy Henríquez
Psicoanalista. Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero Madrid.
alejandramenassa@live.com
RESUMEN:
Aunque la fibromialgia cada vez tiene una mayor prevalencia, todavía se desconocen su causalidad y
sus mecanismos. El dolor, presente de manera polivalente y crónica, es el signo que más la
caracteriza. Si concebimos la fibromialgia desde un punto de vista exclusivamente fisiológico, no
sólo nos extraviamos en la vorágine de su múltiple expresión fenomenológica, sino que dejamos de
lado su aspecto más determinante: que el síntoma álgico es el decir del sujeto que lo padece.
Tomado como texto manifiesto, el síntoma debe ser escuchado con los instrumentos teóricos
adecuados, en tanto que en él se pone en juego la sexualidad del paciente. El psicoanálisis propone
una aproximación a la comprensión de la fibromialgia, teniendo en cuenta los componentes
psíquicos presentes en el proceso del enfermar.
Consideraciones preliminares
El significado de la palabra “fibromialgia” hace referencia al dolor que se produce en los músculos y
en el tejido fibroso, principalmente en ligamentos y tendones. La fibromialgia es una enfermedad de
etiología desconocida, caracterizada por el dolor crónico generalizado, que los afectados refieren al
aparato locomotor. Además del dolor, la fibromialgia tiene como correlatos otros síntomas
frecuentes como fatiga intensa, alteraciones del sueño, parestesias en extremidades, depresión,
ansiedad, rigidez articular, cefaleas y sensación de tumefacción en las manos.
Las más recientes investigaciones señalan que la fibromialgia rebasa las fronteras de los
reumatismos característicos de las partes blandas, requiriendo un amplio estudio multidisciplinario.
Los sujetos afectados presentan frecuentemente hipersensiblidad al dolor producido por la presión
de diferentes puntos del aparato locomotor: 18 en total. Se caracteriza por dolor músculoesquelético generalizado y sensación dolorosa en respuesta a la presión de tales puntos específicos,
también denominados puntos gatillo. El dolor es semejante al dolor originado en las articulaciones,
aunque no puede considerarse una enfermedad articular. Cuando los puntos dolorosos son más de
11, de los 18 puntos gatillo, la afección se suele diagnosticar como fibromialgia
La fibromialgia se reconoce como síndrome, esto es, como un conjunto de síntomas, y puede
tratarse como una única alteración (fibromialgia primaria) o como asociada a otras enfermedades
(fibromialgia concomitante).
El diagnóstico de la fibromialgia suele dificultarse, pues sus síntomas son comunes a otras
alteraciones y no se reconoce una causa única ni precisa. Frecuentemente, el sujeto afectado suele
acudir a diferentes especialistas, antes de recibir su diagnóstico. Sin embargo, y a pesar de la
amplia sintomatología que despliega, la exploración física y los exámenes complementarios no
revelan nada fuera de lo normal en el paciente.
Como se ha señalado, el dolor es uno de los síntomas más destacados de la fibromialgia. Su
percepción suele ser difusa y afectar a grandes zonas del cuerpo. Aunque la mayoría de las veces
comienza de forma generalizada, también puede iniciarse en un área determinada como el cuello, el
hombro, la columna lumbar y desde ahí extenderse.
Los pacientes, en su mayoría mujeres de mediana edad (en una proporción de 21:1 respecto de los
hombres), manifiestan dolores continuos y difusos, mal definidos, de localización imprecisa y
múltiple. La queja dolorosa es desproporcionada a la limitación funcional que produce y no se
corresponde con los datos de la exploración física, donde no se aprecia ninguna lesión ni limitación
del movimiento.
Según las estadísticas analizadas, hasta un 90% de las personas con fibromialgia refieren sentir
cansancio a lo largo de casi todo el día. Según las mismas fuentes, las personas que padecen
fibromialgia tienen una mala tolerancia al esfuerzo, encontrándose como sin energía (“Me siento
como si me hubieran dado una paliza”, es una de las expresiones más habituales). Este hecho
supone que se evite cualquier ejercicio intenso y que se haga cada vez menos esfuerzos, de modo que el nivel de tolerancia al ejercicio disminuye progresivamente. El síntoma de cansancio en
la fibromialgia es semejante al que se presenta en el síndrome de fatiga crónica, con el que
comparte algunos otros de sus síntomas.
La resistencia, adaptación y defensa de los procesos algógenos determinan para cada sujeto lo que
se denomina su “umbral del dolor” particular. Algunas investigaciones definen la fibromialgia como
una anomalía en la percepción del dolor, de manera que el sujeto percibe como dolorosos, estímulos
que no deberían serlo.
Si bien no se puede determinar la causa precisa de esta alteración, se cree que concurren en ella
varios factores. Algunos sujetos desarrollan la enfermedad sin causa aparente y en otros comienza
después de procesos como una infección bacteriana o viral, un accidente automovilístico, una
ruptura conyugal, una discusión o un conflicto familiar.
Aunque tales agentes no son considerados propiamente como causas de la fibromialgia, sí que
pueden ser contemplados como desencadenantes de una anomalía en la capacidad del sujeto de
responder a determinados estímulos.
Las investigaciones se orientan a considerar como un elemento importante la respuesta anormal a
los factores que producen estrés. Por otra parte, aunque se observa que la ansiedad y la depresión
se presentan con igual frecuencia en la fibromialgia y en otras enfermedades dolorosas crónicas,
como la lumbalgia o la artritis reumatoide, no se las considera fundamentales en la producción de la
enfermedad, aunque sí en el incremento de los síntomas.
Desde un punto de vista exclusivamente médico, la fibromialgia carece de curación, por lo que se
suele diagnosticar como enfermedad crónica. Los tratamientos están orientados a paliar, en lo
posible, los síntomas álgicos (“mejorar el dolor”).
Aproximación psicoanalítica
Que el dolor sea el síntoma más destacado y manifiesto de la fibromialgia, señala un aspecto
importante de esta enfermedad, que no se suele tener en cuenta. El síntoma, en este caso un
sentimiento doloroso, una afección algógena, es aquello que no puede ni medirse ni ser calculado,
por ser parte del relato del sujeto. El paciente relata cuáles son los síntomas de su dolencia,
mientras que el especialista médico, según este relato, trata de determinar las causas que en ella
concurren.
El psicoanálisis establece un nuevo nivel de objetividad cuando dice que no es el sueño soñado sino
que es el sueño contado lo que le interesa. En este nuevo nivel de objetividad se tiene en cuenta al
sujeto, que es propiamente aquello que no puede ser medido ni calculado, es decir, el relato en el
que se expresa la dolencia, el efecto último de la producción patógena. El síntoma es el decir del
sujeto: texto manifiesto pero también texto sagrado.
Un instrumento epistemológico que utiliza el psicoanálisis es la distinción entre manifiesto y latente.
Todo lo que el paciente dice debe, entonces, desglosarse en su manifestación, su apariencia de
verdad y su verdad, su latencia.
Para el psicoanálisis los síntomas, como los sueños y todas las producciones del inconsciente, tienen
un sentido. Un sentido que sólo puede darse después de ser interpretado, esto es, que sólo puede
alcanzarse en el marco de una relación transferencial, en una relación analítica.
Ahora bien, el sentido que el psicoanálisis atribuye al síntoma no va dirigido a su expresión
manifiesta, sino a su contenido latente, de manera que sólo en la asociación libre del paciente es
posible construir para este sujeto un sentido de los síntomas que dice padecer. Si la interpretación
de los síntomas fuera atribuida a su contenido manifiesto sería imposible entender su sentido y
encontrar aquello que lo causa. La expresión sintomática quedaría así inexplicada.
Esto significa que, hasta ahora, cuando se trata a los sujetos afectados de un dolor generalizado en
el cuerpo, como es el caso de la fibromialgia, sólo se escucha lo manifiesto, pero no se atiende a lo
latente de su discurso.
Cuando el psicoanalista escucha el decir de un paciente aquejado de fibromialgia no interpreta la
expresión fenomenológica de su afección: la manifestación exuberante pero siempre imprecisa de
sus dolores. Por así decirlo, se ocupa de lo que dice de su dolencia, no de sus dolores.
La perspectiva que ofrece el psicoanálisis supone que cada sujeto enferma de una manera diferente
y que no hay una interpretación única ni generalizada para sus síntomas, aunque se trate de un
dolor generalizado.
Un mismo síntoma, aunque este síntoma sea el dolor, está sustentado por posiciones psíquicas
diferentes, según el sujeto. No hay dos sujetos que sufran de la misma manera, aunque
aparentemente sufran un dolor semejante. Por eso averiguar el sentido del síntoma, del dolor, en un
sujeto determinado sólo es posible en una relación analítica, es decir, en transferencia.
Freud señala que el estudio de la patología revela un gran número de estados en los que se hace
incierta la demarcación del yo frente al mundo exterior, o donde los límites se confunden: partes del
propio cuerpo, componentes del propio psiquismo, percepciones, pensamientos, sentimientos,
aparecen como si fueran extraños y no pertenecieran al yo; mientras que en otros se atribuye al
mundo exterior lo que procede del yo y debería ser por él reconocido.
Los límites del yo con el mundo exterior no son inmutables. La percepción del sujeto de su propio yo
sufre, desde que nace, una constante transformación, hasta que aprende a separar su yo del mundo
exterior. Un estímulo para que el yo acepte la existencia de un mundo exterior, lo ofrecen las
frecuentes, múltiples e inevitables sensaciones de dolor y displacer que el omnipotente principio del
placer induce a abolir y a evitar. Surge así la tendencia a disociar del yo cuanto pueda convertirse en
fuente de displacer, a expulsarlo de sí, a formar un yo puramente hedónico, un yo placiente,
enfrentado con un no yo, con un «afuera» ajeno y amenazante.
Sin embargo, gran parte de lo que no se quisiera abandonar por su carácter placentero no pertenece al yo, sino a los objetos; y recíprocamente, muchos sufrimientos de los que uno pretende
desembarazarse resultan ser inseparables del yo, de procedencia interna.
A pesar de ello, el sujeto aprende a discernir lo interior (perteneciente al yo) de lo exterior
(producido por el mundo), plegándose al denominado principio de realidad. Esta capacidad de
discernimiento sirve al propósito de eludir las sensaciones displacenteras percibidas o amenazantes.
No obstante, la circunstancia de que el yo al defenderse contra ciertos estímulos displacientes
emanados de su interior, aplique los mismos métodos que le sirven contra el displacer de origen
externo, se convierte en origen de importantes trastornos patológicos.
Bajo la presión de las numerosas posibilidades de sufrimiento, el sujeto suele rebajar sus
pretensiones de felicidad: el principio del placer se transforma, por influencia del mundo exterior, en
el más modesto principio de la realidad. Nos sentimos felices por el mero hecho de haber escapado
a la desgracia, por haber sobrevivido al sufrimiento. Evitar el sufrimiento, entonces, relega a un
segundo plano la finalidad de lograr el placer.
Las tentativas destinadas a este propósito son muchas y nos llevan por distintos caminos. Pero el
aislamiento o el alejamiento suele ser el método más inmediato contra el amenazante mundo
exterior.
Los métodos preventivos más conocidos contra el sufrimiento son aquellos que tratan de influir
sobre el propio organismo. Recurriendo a los habituales “quitapenas”, el hombre escapa al peso de
la realidad y gana una aparente independencia frente al mundo exterior, refugiándose en un mundo
propio.
Una técnica para evitar el sufrimiento recurre a los desplazamientos de la libido previstos en nuestro
aparato psíquico y que confieren gran flexibilidad a su funcionamiento. Tales desplazamientos
consisten en reorientar los fines instintivos, de manera tal que eluden la frustración del mundo
exterior. En este sentido, se puede afirmar que la llamada felicidad es meramente un problema de la
economía libidinal de cada individuo.
En el caso de la fibromialgia, se puede decir que el sujeto afectado por esta enfermedad lleva a cabo
una modificación en la distribución de la libido producida por una modificación del yo. La libido se
retrotrae del mundo exterior al yo del sujeto.
El propósito de llevar a cabo tal modificación en la economía libidinal puede deberse a la incapacidad
del sujeto de elaborar un estímulo, que puede ser psíquico o físico. En principio, el ser humano
procesa cualquier estímulo, del orden que sea, de manera psíquica y somática. Si no puede elaborar
psíquicamente un pensamiento o cualquier otro afecto psíquico, transformará por conversión, tal
estímulo en un afecto físico. En ese caso estaremos hablando de una estructura histérica.
La presencia de un pensamiento o de un sentimiento intolerable o doloroso hará que el sujeto lo
reprima, constituyendo una representación sintomática en el cuerpo, que puede tener la forma de
dolor, de parestesia, etc.
Si el sujeto no puede tolerar psíquicamente los estímulos físicos displacientes, principalmente de
carácter sexual, transformará tal estímulo en otro afecto desplazado en el organismo. En este
caso se hablará de las neurosis actuales (neurosis de angustia, hipocondría, neurastenia), pues al no
haber elaboración psíquica no se produce un síntoma, sino un fenómeno psicosomático.
En cualquier caso, el sujeto estará tratando sus estímulos internos, psíquicos o físicos, como si se
tratara de estímulos externos, al no reconocerlos como propios. Por no tolerar la verdad que le traen
(la mortalidad, la sexualidad), el sujeto huye y no quiere saber nada de ellos, refugiándose incluso
en el dolor. Es como si pensara “un dolor cura otro dolor”, “un clavo saca otro clavo.”
Para el psicoanálisis el sentido del síntoma, como el del sueño, es una realización disfrazada de un
deseo sexual, infantil y reprimido. Este sentido tiene que ver más con su contenido latente que con
su contenido manifiesto. Decir que el dolor es una realización de deseos no tiene sentido. Lo que
tiene sentido es la utilización del síntoma que lleva a cabo el sujeto. En otros términos, el paciente
no goza del síntoma, sino de la posición que alcanza con él. Basta recordar que no es a lo manifiesto
sino a lo latente a lo que está dirigido el psicoanálisis.
El tratamiento paliativo del dolor es una parte importante, pero ineficaz si no se contemplan las
fuentes psíquicas que causan el síntoma algógeno. Que el dolor sea psíquico no supone que se trate
de un dolor menor o inexistente.
Se puede decir, pues, que la naturaleza económica del dolor físico es análoga a la del dolor psíquico.
Cuando los exámenes del paciente afectado de fibromialgia no revelan ninguna lesión en la base del
dolor, tendríamos que pensar que se trata de un dolor psíquico.
FUENTE: http://www.psiquiatria.com/

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