No llores por alguien que no se preocupa por ti, no se merece tus lágrimas
(twitterActualPsico - CafeMan)
por Marta Turroja Serra
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por Marta Turroja Serra
Lucía tiene 61 años, no recuerda cuándo empezó todo, hace ya mucho tiempo… Los días transcurren acompañados de sufrimiento y dolor de todo tipo. A veces los dolores físicos son llevaderos, en otros momentos más intensos e invalidantes, impidiéndole desarrollar sus actividades habituales.Al abrir los ojos por la mañana, Lucía necesita mucha más energía que cualquiera de nosotros para despertar y levantarse de la cama. La fatiga que no se despega de ella, convierten cada actividad, por pequeña que pueda parecernos, en un ejercicio que va a exigir un gran esfuerzo. A pesar de ello, decide enfrentarse al día. El paso de las horas junto a la ayuda de la medicación, hacen que se encuentre un poco mejor. En consecuencia, Lucía aprovecha para hacer todas sus tareas, pero cuando llega el mediodía, después de comer, se siente exhausta. El cuerpo dolorido y el cansancio no desaparecen; a lo que hay que sumar la apatía y la anhedonia que a menudo la acompañan. Las tardes transcurren con lentitud, habitualmente con poca actividad, sin que su patología le de tregua. Llegada la noche, el agotamiento se apodera de ella con rapidez, mientras que la dosis de ansiolítico necesaria le permite conciliar el sueño.Aparentemente, nada indica que Lucía esté enferma, hace buena cara y cuando está rodeada de otras personas se muestra alegre y sociable. De carácter fuerte y luchadora, pocas veces la escucharéis quejarse. Sin embargo, unos pocos saben que Lucía no goza de buena salud. La fibromilagia irrumpió en su vida, sumándose al trastorno depresivo que acarreaba con anterioridad.
Realizar un diagnóstico de fibromialgia (FM) resulta más complicado de lo que pueda parecer. A menudo, sus síntomas se consideran individualmente; por lo que en muchas ocasiones se aplica un tratamiento independiente de cada uno de ellos, sin considerar que forman un cuadro clínico propio que debe ser abordado con un análisis global y mediante una visión de conjunto.
Además, la controversia existente entorno a la FM, y la falta de una prueba específica y única sobre la que realizar el diagnóstico, genera largos recorridos de los pacientes hasta ser tratados por un profesional que detecte adecuadamente la patología.
Veamos a continuación los síntomas principales de la FM:
Veamos a continuación los síntomas principales de la FM:
- Dolor: es el síntoma central de la FM. Este dolor puede ser leve o intenso y localizarse en una zona o en varias, siendo las más habituales las lumbares, cervicales, hombros, caderas, rodillas y codos. Es frecuente que las características del dolor se vayan modificando y que empeoren ante situaciones de estrés o ansiedad, con el clima húmedo y frío, o bien tras un exceso de actividad. Los sujetos que padecen FM tienden a despertarse acompañados de anquilosamiento (rigidez) en el cuerpo; del mismo modo que les ocurre tras largos periodos de tiempo sentados.

- Fatiga: la fatigabilidad de los pacientes oscila durante el día con episodios de agudización (crisis de agotamiento) que suelen mejorar con el reposo. La fatiga puede limitar en las actividades del sujeto y interferir en su vida diaria cuando es de carácter moderado o severo.
- Depresión y ansiedad: ambos aspectos son muy presentes en sujetos con FM, por lo que a menudo los pacientes son diagnosticados equivocadamente con un trastorno depresivo o ansioso. Sin embargo, cuando se detectan estos síntomas es muy importante su tratamiento, ya que pueden agravar la FM e interferir en su manejo.
- Insomnio: es otro de los síntomas más extendidos. A pesar de dormir las horas suficientes, en muchos casos manifiestan un sueño no reparador; se despiertan cansados como si apenas hubieran dormido. Por otra parte, pueden experimentar dificultades para conciliar el sueño y/o para mantenerse dormidos.
- Trastornos cognoscitivos: las personas con FM padecen de alteraciones cognitivas caracterizadas por síntomas diversos como las dificultades para mantener la atención y la concentración, lentitud en el procesamiento mental, pérdida de memoria y olvidos.
También existen otros síntomas menos frecuentes pero que acompañan a muchos de los pacientes con FM:
- Parestesia: entumecimiento y hormigueo de las extremidades, principalmente manos y pies.
- Síndrome de las piernas inquietas: es un trastorno neurológico caracterizado por el impulso incontrolable de mover las piernas en situaciones de descanso o reposo.
- Síndrome del intestino irritable (SII): en ocasiones la FM se acompaña del SII, también llamado síndrome del colon irritable, en el que se observan trastornos digestivos, cólicos, dolores abdominales, meteorismo, estreñimiento y/o diarrea.
- Dolor de cabeza: son habituales las jaquecas, tensión y dolores de cabeza de tipo vascular. También pueden coexistir con molestia en las sienes o detrás de los ojos. Además, se ha observado en varios casos disfunción de la articulación temporomandibular que produce dolores de cabeza acompañados de molestias en la cara y las mandíbulas.
- Hipersensibilidad sensorial, síntomas alérgicos y problemas de la piel: prurito, manchas, reacciones alérgicas, hinchazón, hipersensibilidad a la luz, los sonidos y los olores.
Entre los sujetos con FM existe gran variabilidad en la manifestación de los síntomas, tanto en su presencia o ausencia, como en la intensidad y gravedad de los mismos. Así bien, para un diagnóstico correcto es imprescindible una visión generalizada que considere esta diversidad y que abarque todos los síntomas del paciente asociados con la patología.
FUENTE: http://www.actualpsico.com/

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